El rol del Ministerio de Desarrollo Social

Evaluación social

Al Ministerio de Desarrollo Social se le ha asignado una tarea muy importante: definir cómo deben hacerse las "evaluaciones sociales" a los proyectos, que determinan si los proyectos son admisibles de implementarse o no. Los ministerios, gobiernos regionales y municipalidades inventan proyectos, pero deben obtener el visto bueno de la evaluación social para llevarlos a cabo. Si no, no obtienen los deseados recursos fiscales para ejecutarlos. La ley es clara: el Ministerio de Hacienda, que es el dueño de la billetera fiscal, no suelta un peso para inversión si el Ministerio de Desarrollo Social no da su okey.

Una "evaluación social" es un concepto económico. En principio, pretende calcular si los beneficios de un proyecto son mayores a sus costos, cosa que por supuesto es muy deseable. Nadie quiere construir tonteras.

Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. ¿Cuáles son los beneficios y costos de un proyecto? Muchos especialistas en el mundo se han dedicado años a resolver los detalles de cómo responder bien a estas preguntas, y las respuestas no son fáciles. En la práctica, el mundo ha ido generando metodologías de evaluación, y perfeccionándolas en el tiempo. A estas alturas son muy técnicas y complejas. En Chile, es este ministerio el que define cuáles son las metodologías para evaluar correctamente. El listado de metodologías está aquí.

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Según el sitio web del Ministerio, las metodologías que tiene las actualiza constantemente. Las pinzas. Para el ámbito del transporte el Ministerio sigue usando metodologías primitivas, de hace 30 años atrás. Y hay ciertas cosas que ni siquiera sabría cómo evaluar, pues sus metodologías nada dicen al respecto, como por ejemplo estaciones de intercambio modal. O un ejemplo más sencillo: no existen actualmente en el Ministerio metodologías para evaluar proyectos de inversión en facilidades peatonales.

Como son tan antiguas, las metodologías del Ministerio están seriamente sesgadas hacia el automóvil. Claro, porque son metodologías tomadas en su momento del mundo desarrollado, donde 30 años atrás todavía primaba la visión de que el auto lo resolvería todo. La consecuencia directa es simple: los únicos proyectos que pueden ser apropiadamente evaluados son aquellos que amplían la vialidad, es decir, ensanches, construcción de nuevas vías, construcción de autopistas, etc. Y las consecuencias de esto a su vez son casi macabras:

  • Los proyectos que intenten cualquier tipo de reducción de la vialidad para los autos, como por ejemplo quitar una pista para hacer ciclovías y así darles seguridad a los ciclistas, están condenados al fracaso. La metodología concluirá que desfavorecen el tráfico y por tanto no se obtendrá el visto bueno. El proyecto no podrá realizarse.
  • Como caso particular de lo anterior, los corredores de buses son una pesadilla. Como los automovilistas quedan peor, en la práctica es imposible lograr el visto bueno. Lo que sucede en la realidad, y así se puede comprobar cuando se entrevista a los ingenieros que les ha tocado diseñar corredores de buses, es que para lograr la aprobación deben torcer su iniciativa y ampliar también las vías para autos. Esa es la razón por la cual tú puedes ver que en las avenidas de Santiago que se han hecho corredores, se ha debido ampliar las avenidas a tamaños horrendos. Si cuando las viste pensaste que fue un descriterio construirlos, es cierto, pero ya ves la razón de fondo: el Ministerio te prohíbe mejorar a los buses en desmedro de los autos. No importa cuántas veces un político bien intencionado diga que quiere "fomentar el transporte público y desincentivar el uso del auto"; mientras el Ministerio de Desarrollo Social siga imponiendo las metodologías actuales, es imposible.
  • Porque son tan antiguas, las metodologías son incapaces de incorporar cosas que hoy nos importan mucho, como la contaminación. Si un proyecto contamina más o menos, da lo mismo. Reducciones de contaminantes no son considerados "beneficios"; simplemente es como si esas ventajas no existieran. Esto, evidentemente, beneficia significativamente a los proyectos que dan facilidades a los automóviles, que es sabido que es el modo de transporte más contaminante.

Otro problema serio de las metodologías es que son ciegas respecto de quién obtiene los beneficios. Esa es una característica propia de la ciencia económica, en la cual están basadas este tipo de metodologías. Un proyecto que obtiene el visto bueno del Ministerio es, en la jerga, un "proyecto socialmente rentable". Pero eso solo significa, estricta y económicamente, que el proyecto genera beneficios netos a "las personas". ¿A cuáles personas? A aquellas que se ven afectadas por el proyecto, por supuesto. En la práctica esto significa que hacer el mismo proyecto en la comuna más rica de Chile, o hacerlo en la más pobre, es igual. La evaluación es ciega sobre quiénes son los beneficiarios. Mala cosa. El Ministerio no le hace honor a su nombre.

Por último, el otro problema serio de las metodologías es que lo que se compara es hacer el proyecto versus no hacerlo. Dicho de otra manera, las metodologías pretenden resolver si es mejor hacer esa idea particular que a alguien se le ocurrió, o en vez quedarse cruzado de brazos. Bastante raro. Si tú fueras un inversionista privado, tú pregunta es dónde invertir. Tú quieres saber cuál es el proyecto con mejor rentabilidad. Quedarte con la plata en el bolsillo no es opción. El análisis de alternativas, que es lo realmente interesante, brilla por su ausencia en las metodologías de evaluación. Eso es muy malo: si al Ministerio de Obras Públicas se le ocurre presentar un proyecto de autopista, es imposible hacer la pregunta de si existe otra cosa, más beneficiosa, que podría hacerse en vez con el mismo dinero. El resultado es obvio: el Ministerio de Obras Públicas no requiere demostrar que está haciendo lo mejor que podría hacer. La mediocridad basta. Nuestro dinero, entonces, queda invertido de manera ineficiente; muchas veces en proyectos que responden a intereses de grupos bien conectados. Es el paraíso del lobbista: solo debe convencer al MOP de que proponga los proyectos que a sus clientes les interesa porque nunca dicho proyecto será comparado con otras alternativas competitivas.


Mira el Banco Integrado de Proyectos (BIP) del Ministerio, donde están todos los proyectos financiados por el Estado, ya hechos y en progreso.

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