Renegociaciones de contratos de autopistas
Una de las prácticas ilegales del MOP durante estos años ha sido renegociar los contratos con las empresas concesionarias, por montos que superan los límites establecidos.

Es comprensible que después de licitados los proyectos, se deban hacer ciertos cambios por cuestiones que en su momento no lograron preverse. Por ello la Ley de Concesiones permite renegociar contratos. Sin embargo, para evitar abusos, esa Ley establece que modificaciones y obras adicionales que se renegocien no pueden exceder el 15% del monto original del contrato. Los términos de las renegociaciones, cuando se hacen, quedan plasmados en los llamados "Convenios Complementarios".

Lamentablemente el MOP, en su estilo muy especial de irrespeto a las leyes, y gracias a una institucionalidad débil que es incapaz de fiscalizarlo, ha violado sistemáticamente esa restricción que le impone la Ley. En general cualquier ciudadano puede chequear fácilmente que eso es así, pues en la web del MOP están las bases de licitación originales y los Convenios Complementarios (ver la lista de autopistas y sus páginas web dentro del MOP). Es tedioso hacerlo, pero afortunadamente otros ya se han dado ese trabajo: Puedes descargar aquí una excelente investigación académica liderada por Eduardo Engel (Yale University, EEUU), que resume este abuso. El dato duro: las renegociaciones en las autopistas aumentan en más de un 50% el monto original de los contratos!

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Las renegociaciones son algo realmente muy malo, a la que en general los ciudadanos le tomamos poca atención. La idea de hacer licitaciones es que haya una competencia transparente y pública entre las empresas. Pero si el Estado renegocia, y lo hace con frecuencia y por montos considerables, como ocurre en Chile, entonces se crean lo que los economistas llaman "incentivos perversos": a) Las empresas, en vez de competir honestamente, entienden que es mejor hacer ofertas artificalmente bajas en las licitaciones, sabiendo que después podrán renegociar con el MOP los contratos a puertas cerradas. Y b) El MOP por su parte, sabiendo que podrá renegociar después de la licitación, no se preocupa de preparar bien los proyectos, y peor aun, mentirosamente los "achica" para la licitación, a fin de que luzcan más baratos para el fisco, sabiendo que después los podrá modificar sentándose a negociar con la empresa.

Son este tipo de cuestiones bien macabras las que motivaron a distintos economistas, académicos y políticos a plantear cambios a la Ley de Concesiones, y especialmente a promover la creación de una Superintendencia de Concesiones que vigile independientemente cómo el MOP licita y renegocia sus contratos. Para tristeza de la ciudadanía, el Congreso hizo algunos cambios a la Ley de Concesiones pero no se interesó en una Superintendencia. La presidenta Bachelet envió al Congreso en 2008 un proyecto de ley para crear una Superintendencia de Obras Públicas, pero basada en una idea espantosamente pobre: solo vigilar que las concesiones cumplan los niveles de calidad de servicio prometidos ya una vez construidas las obras. Es decir, una Superintendencia que sirva solamente a los automovilistas que usen las autopistas, no al resto de nosotros que nos interesa que el MOP cumpla las leyes cuando licita y renegocia contratos de autopistas. Queda claro dónde está el corazoncito de nuestros políticos…

En la práctica el MOP hoy en día sigue con las mismas posibilidades de abusar de la ley que siempre. Y viendo su historial, no hay ninguna razón para pensar que esto se vaya a detener, especialmente porque es casi imposible saber cuándo el MOP renegocia.

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